Jorge Luis Borges. El Libro.
Extracto de conferencia del autor y publicada en el libro "Borges Oral", Emecé Editores. Buenos Aires. 1978.
Centro Cultural del Libro Carrera 8A No. 15-63 Local 153. Tel. 342 74 10. Bogotá, Colombia. Correo electrónico: libreriaelhacedor@yahoo.fr
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"Warum läuft Herr R. Amok?", el título original de la primera película en color escrita y dirigida en 1969 por Reiner Werner Fassbinder, ha sido traducida al español de varias maneras, una de ellas equivocada. Se trata de la traducción ¿Por qué corre el señor Amok?, que dicho sea de paso, no tiene en cuenta la R. que alude indudablemente, al nombre del personaje principal, el señor H. Raabs, cuidadosamente representado por Kurt Raab. |
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Lector: Soy un joven de veinte años como tantos. Pero mi destino es distinto al de los demás porque estoy convaleciente en una clínica y, además, con posibilidades económico financieras restringidas: mis padres son obreros. Me he dedicado al estudio de la literatura italiana, pero querría profundizar un poco más y estudiar a los poetas. He pedido ayuda a varios editores para que me mandasen libros usados, pero no he obtenido nada. Ahora me dirijo a usted para obtener ayuda. ¿Cuáles son los libros que debo estudiar?, ¿cuáles son los poetas cuyo estudio debo profundizar?, ¿Cuál es el mejor sistema para dichos estudios? Angelo Maffini. |
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El pensador Fernando González Ochoa, nació el 24 de abril de 1895 en Envigado, Antioquia, Colombia. Vivió intensos 69 años. Desde niño su espíritu original y rebelde se manifestó con ímpetu. Gracias a la expulsión del colegio -su marginamiento del mundo académico duraría tres años- surgió su primera obra, Pensamientos de un Viejo, que saldría a la luz pública en 1916, presagiando ya lo mucho que tendría por decir en años posteriores.“Pueblo mísero, envilecido por centurias de dominio español, convento de clérigos vestidos hasta las orejas, pueblo cuya capital es Bogotá, ciudad habitada por hombres que piensan, escriben y viven para cubrirse, por que son pecados andantes. Miguel Angel, Goethe, el Libertador y yo no nos tapamos”. Con frases de este tenor fustigaba a todo tipo de jerarquías. Y no se interprete a González como si estuviera atacado de algún brote de xenofobia hacia los bogotanos. En Los Negroides, escribió sobre su tierra natal: “...De ahí que el antioqueño no sirve sino para abrir fincas, para conseguir dinero, y que no se pueda confiar en sus ideas políticas, religiosas etc(...) El medellinense tiene su lindero en sus calzones; el medellinense tiene los mojones de su conciencia en su almacén de la calle Colombia, en su mangada de El Poblado, en su cónyuge encerrada en la casa, como vaca lechera”. Era que Fernando Gonzáles necesitaba sentirse acicate contra políticos y altos jerarcas; vivir a contracorriente y “a la enemiga”, como decía él. Su producción literaria e intelectual fue abundante, sobre todo entre 1929 (Viaje a pie) y 1941 (El maestro de escuela). Durante estos años escribiría la mayoría de sus obras: Mi Simón Bolívar, 1930; Don Mirócletes, 1932; El Hermafrodita Dormido, 1933; Mi Compadre, 1934. Salomé, concebida y registrada en sus apuntes de esos años, aunque sólo vería la luz pública en 1984, contenía las ideas madre de una de sus mejores obras: El Remordimiento, publicada en 1935. Otras obras de esa época fueron Cartas a Estanislao, 1935; Los Negroides, 1936; y Santander, 1940. En Colombia, Fernando González ha suscitado juicios contradictorios. El poeta Juan Manuel Roca afirma que le resulta “difícil encontrar algo más personal, alguien con un don más poderoso para habitarse, con tanta maestría para enseñar el sentido de las palabras”; para Rafael Gutiérrez Girardot, en cambio, fue solo un simulador: “la cuestión de si fue filósofo o ensayista- Dijo- no es una pregunta por si él dejó un “sistema” o una doctrina, sino por el rigor, la coherencia, la cualidad y la adecuada fundamentación crítica de su pensamiento, y nada de eso se encuentra en su obra”. Fuera del país libros como Viaje a Pie fueron recibidos por la crítica como un hecho sorprendente: “Stendhal hubiera amado este libro –Dice la reseña de Les Nouvelles Litteraires. Paris.1929- donde palpita un horror por el ultramontanismo, parecido al suyo: las mismas revueltas, las mismas exasperaciones, apaciguadas, sin embargo, por la serenidad filosófica, porque Fernando González es, ante todo, un hombre de contemplación”.Un escritor ya casi olvidado y sin embargo su escritura nos sigue presente mucho tiempo después de cerrar alguno de sus libros. Y no nos deja de maravillar. |
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El 15 de mayo de 1813 nace en Copenhague, Dinamarca, el filósofo Søren Aabye Kierkegaard. Fue el séptimo hijo de un campesino enriquecido por el comercio del lino y ya retirado del negocio. Pasó su infancia en un ambiente de adultos. Desde muy joven su padre transmitió a Søren la fe cristiana, aunque interpretada desde una visión que ponía el acento en las doctrinas del pecado del hombre y la justicia de Dios. En 1838, a los veintidós años acontece lo que Kierkegaard describió como "un gran terremoto". "Fue - dice Kierkegaard en su Diario- cuando ocurrió el gran terremoto, la terrible revolución que de repente me llevó a formular una nueva e infalible ley de interpretación de los hechos. Entonces tuve el barrunto que la provecta edad de mi padre no era una bendición divina, sino, muy al contrario, una maldición (...) entonces percibí cómo se espesaba sobre mí el silencio de la muerte, y mi padre se presentó a mi consideración como un infortunado ser condenado a sobrevivirnos a todos nosotros (a Søren y a sus hermanos), como una cruz sobre la tumba de todas sus esperanzas. Debía pesar una falta sobre la familia y Dios la castigaba: desaparecería barrida por la todopoderosa mano de Dios, borrada como una tentativa fracasada...". Es probable que con estas expresiones Kierkegaard se refiriera a la siguiente confesión que le hiciera su padre: a los once años, encontrándose éste en los agrestes pastos de Jutlandia cuidando un rebaño, herido por el frío y la humedad, desde lo alto de una roca levantó los brazos al cielo y maldijo a Dios. El recuerdo de esta "maldición" lo acompañaría durante el resto de su vida y al fallecer su padre, Søren supuso que aquel destino sombrío sería heredado por él. Por un tiempo breve se separó de la iglesia luterana y llevó una vida social extravagante y se convirtió en una figura en los teatros y cafés de Copenhague. Tras la muerte de su padre en 1838, sin embargo, decidió volver a congregarse y reemprender sus estudios teológicos. En 1840 se comprometió con Regine Olson, de 17 años, pero muy pronto se dio cuenta de su incapacidad para aceptar ese vínculo a causa de su naturaleza melancólica y de su vocación filosófica. Rompió el compromiso matrimonial en 1841, pero este hecho fue muy significativo para él y aludió al mismo repetidas veces en sus libros. El mismo año asistió a las lecciones de Shelling en Berlín. Kierkegaard termina decepcionándose de las propuestas del filósofo alemán y regresa definitivamente a Copenhague, donde estudia teología y filosofía y donde conoce la filosofía hegeliana, contra la que reaccionó con apasionamiento. Recibió la licencia de pastor luterano, pero, después de pronunciar su primer sermón, comprendió que ésa no era su vocación y dedicó su vida a exhortar a sus contemporáneos por medio de escritos. El trabajo de Kierkegaard es poco sistemático. Escribió ensayos, aforismos, parábolas, cartas ficticias, diarios y otras modalidades literarias. Muchos de sus escritos fueron, al principio, publicados bajo seudónimos como Victor Eremita, Johanne de Silentio, Hilarius religator (encuadernador) o Frater Taciturnus. Aplicó el término “existencial” a su filosofía porque consideraba a ésta como la expresión de la vida experimentada con intensidad. Creía que los individuos configuran su propia naturaleza a través de las elecciones que debe hacer sin la orientación de normas universales. Así, la seguridad de cada elección sólo puede determinarse de una forma subjetiva, personal. Kierkegaard es famoso por su doctrina de las tres vías o tres vidas: la vía estética, la vía ética y la vía religiosa. Inicialmente, en su primer gran trabajo O lo uno o lo otro (1843), Kierkegaard describió dos estadios de existencia entre las que cada individuo podía escoger: la estética y la ética. En el estadio estético, el hombre busca la variedad y la novedad en un esfuerzo por evitar el aburrimiento y el dolor; no tiene compromiso con nada, busca lo diferente, lo novedoso y vive cada instante sin considerar el pasado y el futuro. El estadio estético es desesperante, porque implica una peculiar pérdida de dominio sobre las cosas y sobre uno mismo, que inmediatamente se manifiesta con rasgos de frivolidad. La angustia desencadenada incluye este tipo de frustración, y suele recurrir, para encubrir tal pérdida, a la ironía fácil, que muchas veces presenta rasgos de pedantería, petulancia o histeria.Kierkegaard encuentra cuatro tipos humanos que viven estéticamente, aunque su sintomatología está bien diferenciada. El primer tipo puede situarse bajo la denominación genérica del borracho, el hombre tosco, elemental, que se dedica a acumular placeres bastos o no depurados. El segundo tipo puede encontrar sus rasgos más característicos bajo la figura del ejecutivo. Kierkegaard lo describe como el hombre que se afana continuamente, dando mucha importancia a su hacer y a sus cálculos: anda con prisa, de un lado para otro, con una acelerada y ávida planificación que le sume en una vorágine corrosiva. En este tipo humano se da la misma insensibilidad que en el borracho para tocar fondo en su mismo ser, y fundamentar su hacer. En tercer lugar figura el tipo que básicamente se suele identificar con el dandy. Se trata del hombre que progresa continuamente en una premeditada depuración de elegancia y originalidad, de impresiones nuevas o combinadas. Por último, Kierkegaard califica a Hegel como "hombre estético" y lo sitúa en esta perspectiva, porque, según Kierkegaard, la crisis de su pensamiento reside precisamente en su falta de radicalismo "Hegel se pone muy serio– dice Kierkegaard- lo que está diciendo es importantísimo. La seriedad del negociante y la solemnidad del borracho son claras. Pero la frivolidad echando mano de la seriedad, reitera la falsificación: hacer valer lo superficial implica y ratifica una falsía de base”. A diferencia del estadio estético, el estadio o camino de la vida ética significa un intenso y apasionado compromiso con el deber y con obligaciones sociales y religiosas. La nueva relación con los demás que se da en este estadio la simboliza la institución del matrimonio y el cumplimiento de deberes que impone. Para Kierkegaard esta idea es originaria de los griegos, dando como ejemplo el relato del sacrificio de Ifigenia por parte de Agamenón. Como es sabido, en la mitología griega Ifigenia era la hija mayor del rey Agamenón y la reina Clitemnestra. La diosa Artemisa castigó a Agamenón tras haber matado éste un ciervo sagrado en una arboleda sagrada y alardear de ser mejor cazador. En su camino para participar en la Guerra de Troya, los barcos de Agamenón quedaron de repente inmóviles al detener Artemisa el viento en Aulis. Un adivino reveló que la única forma de apaciguar a Artemisa era sacrificar a Ifigenia, hija de Agamenón. Según algunas versiones, éste así lo hizo. En este relato –señala Kierkegaard- prima el deber de Agamenón como rey de su pueblo, se observa el sacrificio del individuo (Ifigenia) por el bien de la comunidad, además la diosa artemisa habla en público en un lenguaje que todos pueden entender; se sacrifica lo particular (el amor del padre) por lo universal (la conveniencia de la comunidad), es decir, se sacrifica lo estético a favor de lo ético. Por otra parte, Agamenón tiene el consuelo de que la comunidad llora su destino trágico, comprensible para todos, incluso para su mujer y para la hija sacrificada. No obstante, señala Kierkegaard, en el estadio ético también surge la angustia: los deberes a la larga se sienten como una carga que genera agobio. Entonces advierte el hombre que el estadio ético comporta una pérdida de responsabilidad individual y que en suma lo importante no es el cumplimiento del deber como padre, sino la relación con Dios, con lo infinito.Si se concibe este pensamiento el hombre salta al estadio religioso. En Temor y Temblor (1846), Kierkegaard centra su atención en la experiencia del patriarca bíblico Abraham. Como es sabido, Abraham, por mandato de Dios, decide caminar solo y hacia la montaña de Morah con el propósito de sacrificar la vida de su hijo Isaac. Abraham -interpreta Kierkegaard- da muestra de su fe al someterse al mandato de Divino, incluso aunque no lo pueda comprender, y aunque vaya en contra de sus deberes como padre y en contra de sus deberes como miembro de una comunidad (de haberse consumado la muerte de Isaac, éste habría sido el primer sacrificio humano en el seno del judaísmo). Esta 'suspensión de la ética', para decirlo en términos de Kierkegaard, permite a Abraham alcanzar un auténtico compromiso con Dios. Para evitar la desesperación última, dice Kierkegaard, el individuo tiene que dar un 'salto de fe', que es en sí misma misteriosa y se halla plagada de riesgos. En efecto, Abraham sacrifica su amor de padre (lo estético) y su deber de padre (lo ético) por su relación con Dios (lo infinito). Sacrifica lo finito (sentimiento) y lo universal (deber moral) y lo hace por algo infinito y particular, que es Dios. A diferencia de Agamenón, Abraham está solo y su situación es de máxima angustia. El lenguaje con el que Dios le habla es privado y sus términos no pueden ser comprendidos por los demás. Si Isaac hubiera muerto, Abraham no hubiera tenido el consuelo ni la comprensión de su comunidad. Que él siga hasta el final no es racional, entendible, es una cuestión de fe. Es que su fe va unida al amor, a la confianza en Dios, sin la cual nada de lo que hace tendría sentido.En el tercer nivel, el religioso, el hombre se somete a la voluntad de Dios, y al hacerlo, paradójicamente dice Kierkegaard, encuentra la auténtica libertad.Kierkegaard consideraba que el alejamiento del hombre de Dios, la ruptura con la fe, era el acontecimiento más importante de su tiempo. Sin embargo consideraba que, con el paso de los siglos, el cristianismo se había ido degradando hasta el punto que hoy el mayor peligro residía en que todos nos llamáramos cristianos sin que ninguno lo fuera verdaderamente. Esta situación la veía llevada a su máxima expresión en su propio país, donde el estado sostenía económicamente a los predicadores. ¿Cómo podía ser que los predicadores de la palabra de Jesús (quien decía a sus discípulos: «Ustedes no son de este mundo»; quien fue perseguido y matado por las autoridades romanas y judías de su tiempo) vivieran del sueldo que les pagaba el gobierno? La indignación que este hecho generaba en Kierkegaard lo llevó a enfrentar a su propia Iglesia Luterana de Dinamarca. Sus últimos trabajos, como La enfermedad mortal (1849), reflejan una idea cada vez más pesimista de la vida y enfatiza en el sufrimiento como esencia de la verdadera fe cristiana. También redobló sus ataques, dirigidos contra la moderna sociedad europea, que denunció en La era actual (1846) por su falta de pasión y por estar entregada a valores cuantitativos. La tensión producida por sus numerosos escritos y las controversias en que participó, minaron poco a poco su salud; en octubre de 1855 se desmayó en la calle y murió el 11 de noviembre de 1855 en Copenhague, habiendo gastado toda su herencia en la publicación de sus obras, cuando apenas tenía 41 años de edad. En Colombia, el profesor y director de cine Juan Diego Caicedo, ha notado cierta afinidad entre el pensamiento de Kierkegaard y el movimiento cinematográfico Dogma 95. “Una vida plena es una vida plena de dificultades”, dictaminó Kierkegaard. Quien sabe si las heroínas de películas como Bailarina en la Oscuridad o Rompiendo las olas, del gran director Lars von Trier, hayan surjido de necesidades espirituales similares a las que dieron origen al pensamiento del filósofo danés. |
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El 14 de enero de 1925 nació en Tokio, en el seno de una familia de samuráis, el escritor Yukio Mishima. Su verdadero nombre era Kimitake Hiraoka pero se lo cambió siendo adolescente. Después de estudiar leyes en la universidad de su ciudad natal, se dedicó por completo a la literatura.Desde su adolescencia estuvo obsesionado por violentas fantasías que narró con detalle en sus obras. Algunas de ellas tienen un profundo tono autobiográfico y reflejan su pasión por el masoquismo y la preocupación por el cuerpo físico. La fascinación por la sangre, la muerte y el ritual son patentes en toda su carrera. En 1944 publicó su primer libro, un volumen de cuentos, poco antes de ser convocado por el Ejército para una misión suicida en la que finalmente no se le admitió. Al terminar sus estudios entró en la administración pública, pero pronto abandonó su carrera de funcionario para dedicarse profesionalmente a las letras. Mishima, que era bisexual, en su obra inicialmente analiza los problemas de la generación de posguerra y otorga especial atención a los temas del amor y del sexo. En 1952 emprendió un largo viaje por América y Europa y en 1958 contrajo matrimonio. En medio del gran florecimiento industrial y consumista Mishima hacia un llamado en contra de los que olvidaban el "auténtico y verdadero Japón" y se lamentaba de ver que su país "se aleja de sus fundamentos" y "entrega su futuro a las potencias extranjeras". El literato se veía a sí mismo como renovador espiritual del Japón e invitaba a sus compatriotas a reflexionar sobre si mismos y a devolver al Emperador y al ejército todo el poder. Su sentido estético de lo heroico lo llevó a defender siempre un retorno a las antiguas y ancestrales virtudes del pasado, así como al austero patriotismo del Japón imperial. “¿Cómo es posible denominar "hombre de acción" –escribió- a quien por su trabajo de presidente en una empresa hace ciento veinte llamadas telefónicas diarias para adelantarse a la competencia? ¿Y es tal vez un hombre de acción el que recibe elogios porque aumenta las ganancias de su sociedad viajando a países subdesarrollados y estafando a sus habitantes? Por lo general, son estos vulgares despojos sociales los que reciben el apelativo de hombres de acción en nuestro tiempo. Revueltos entre esta basura, estamos obligados a asistir a la decadencia y muerte del antiguo modelo de héroe, que ya exhala un miserable hedor. Los jóvenes no pueden dejar de observar con disgusto el vergonzoso espectáculo del modelo de héroe, al que aprendieron a conocer por las historietas, implacablemente derrotado y dejado marchitar por la sociedad a la que deberán pertenecer algún día.” En 1955 inició un completo programa de pesas y mantenimiento muscular con la obsesión de que el paso del tiempo no dejase huella en su cuerpo. Se hizo experto en karate y kendo. En 1968 formó una milicia llamada Sociedad del Escudo, comunidad al estilo de los samuráis con la que intentaba devolver a Japón sus raíces más tradicionales. No logró su objetivo y el 25 de noviembre de 1970 se hizo el sepukku o haraki-ri que, como es sabido, es el suicidio conforme al Bushido, el antiguo código de honor de los samuráis. Tenía 45 años.Seguramente el drama personal de Mishima no es explicable solamente por su inconformidad política sino que lo agobiaban otras ansiedades. Un especialista en su obra, el profesor Takashi Inoue, afirma que “la cuestión más importante para Mishima era cómo solucionar el vacío que él sentía interiormente. Él se sentía marginado de su propia vida, lo que, a su vez, originaba un profundo vacío en su espíritu. Se sentía apartado de lo que es vivir y buscaba una solución a esto (...). Para superar ese estado se dedicaba a la literatura y escribía obras de teatro. Sin embargo, nunca pudo superar por completo este vacío a través de la actividad literaria. Por lo tanto, para alcanzar la total satisfacción a la que aspiraba tuvo que llegar a donde llegó, es decir, a cometer seppuku...Porque a través de la muerte podía llenar el vacío y también superar esa sensación de estar apartado de su propia vida”. Si fue así, resulta dudoso que se le pueda dar algún significado a la vida precisamente diciendo no a la vida misma, aquí o en Japón La obra de este gran escritor no ha sido traducida en su totalidad al español como tampoco, hasta donde sabemos, al inglés, francés o al alemán. La primera novela de Mishima fue Confesiones de una Máscara (1979), y está centrada en el tema del despertar de la sexualidad. De su producción literaria forman parte también El Rumor de las Olas (1954), El Pabellón de Oro (1956; Seix Barral, 1963 y 1985), El Marino que Perdió la Gracia del Mar (1963), Nieve de Primavera (1966) y Caballos Desbocados (1968), llegó a ser ampliamente conocida fuera de Japón. Como dramaturgo, Mishima demostró su interés por el teatro tradicional japonés y occidental. Entre sus dramas se encuentran Rokumeikan (1956), Mi Amigo Hitler (1969), y Madame de Sade (1965) que intentó analizar al Marqués de Sade desde el punto de vista femenino. En Japón se consideraba que Mishima era el único autor contemporáneo con el suficiente talento para escribir obras kabuki, forma creada durante el S XVI y donde imagen, corporalidad, espacio y sonido se integran en un solo ritmo armonioso. Tal vez ustedes recuerden la muestra kabuki en las primeras escenas de la hermosa película La Casa de las Dagas Voladoras, estrenada el año 2004. Se han realizado varias adaptaciones cinematográficas de sus cuentos, obras de teatro y novelas. Algunas de ellas son: “El Ruido de las Olas” (1954).de Senkishi Taniguchi; “La Llamada del Tormento” (1958) de Kon Ichicagua basada en la novela el “Pabellón de Oro”; “Patriotismo” (1965), de Masaki Domoto y donde Mishima hace el papel de teniente; “El Lagarto Negro” (1968).Su vida y obra han dado materia a la biografía de John Nathan Mishima (Seix Barral, 1985) y al estudio de Marguerite Yourcenar Mishima o la Visión del Vacío (Seix Barral, 1985). El director norteamericano Paul Schrader realizó una película titulada precisamente “Mishima” (1985). Hoy en día el Imperio del Sol Naciente sigue siendo para nosotros hermético, extraño, inalcanzable. Ojalá los libros de Mishima, libros nostálgicos de un Japón perdido irremediablemente, nos ayuden a acercarlo un poco. |
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El escritor norteamericano Francis Scott Key Fitzgerald (24 de septiembre de 1896- diciembre 21 de 1940) trabajó en varias ocasiones como guionista en Hollywood, particularmente para la Metro Golden Meyer, la productora cuyas películas aún nos saludan con su león rugiente. Colaboró en la producción de las películas Tres Camaradas (1938) de Frank Borzage, Maria Antonieta (1938) de W. S. Van Dike, y Un Yanqui en Oxford (1938) de Jack Conway. Se dice que Fitzgerald también trabajó en varios otros proyectos cinematográficos sin recibir los créditos. Lo Que El Viento Se Llevó fue una de esas películas en las que tuvo una participación activa pero discreta. Desde Los Angeles, el escritor envió algunas cartas a su hija, a quien llamaba Pie (Tarta) y que vivía en Maryland, en las que le compartía sus dificultades en el mundo del celuloide. Con estilo sobrio y rotundo le explicó que no creía demasiado en la felicidad ni en la desdicha; “Esas son cosas –le dice una vez a Pie- que ves sobre el escenario o en la pantalla o en la página impresa, nunca te suceden en la vida real”. Le cuenta de sus fracasos, de sus vaivenes económicos a pesar de ser el escritor más reconocido en el medio y de las increíbles estafas que le propinaban los empresarios de la Golden. Eso sin contar sus luchas por lograr alguna independencia creativa. Si un escritor quiere hacerse respetar en Hollywood, le dice, debe descubrir a los hombres clave entre los jefes, debe rodearse de colaboradores flexibles y luego "luchar con dientes y uñas" para alcanzar su autonomía, "para que te dejen solo con tu película". La correspondencia entre el escritor y su hija fue extensa y conforma un capítulo del título Letters of Scott Fitzgerald. Una de esas cartas a su hija finaliza con este consejo memorable: "Cuida tu persona mentalmente (estudia cuando estés despejada), físicamente (no te desgastes demasiado) y moralmente (no frecuentes sitios en donde debas mentir). Así tendrás más libertad de acción que premios". En su Introducción a la Literatura Norteamericana, Jorge Luis Borges presenta en estos términos a Fitzgerald: "su vida entera fue una búsqueda de perfecciones; las buscó en los conceptos de juventud, de belleza, de aristocracia y de riqueza, que permiten a los hombres una mayor generosidad, un mayor desinterés y una más espontánea cortesía. Sus personajes corresponden a su experiencia personal, a las primeras ilusiones y al desengaño último. En su obra múltiple sobresalen dos libros: The Great Gatsby (El gran Gatsby), de 1925, relata la historia de un hombre que intenta en vano recobrar un amor juvenil, en el cual trasluce la nostalgia del antiguo sueño americano de un mundo nuevo... Técnicamente superior, Tender is the Night (Tierna es la noche) de 1934, analiza la vida de un expatriado que regresa a América para ocultar su fracaso íntimo. Más que ningún otro escritor de su generación, Scott Fitzgerald representa los años que sucedieron a la primera Guerra Mundial". En el año 1949, El Gran Gatsby fue llevada por primera vez a la pantalla por el director Eliot Nuget. Más tarde, en 1974, fue filmada por Jack Clayton y protagonizada por Mia Farrow y Robert Redford. La adaptación más reciente, del año 2000, corresponde al director australiano Robert Markowitz. El libro y las tres películas comienzan con esta reflexión:.“En mis años más juveniles y vulnerables mi padre me dio un consejo que desde entonces ha rondado en mi mente: "Cuando quieras criticar a alguien", me dijo, "solo recuerda que no toda la gente en este mundo ha tenido las mismas oportunidades que tu".La película La Última Batalla (2002), del director Henry Bromell, recoge los eventos de los últimos días de la vida de Fitzgerald. Parafraseando a Borges, puede decirse que Scott Fitzgerald, como Herman Melville, como Saul Bellow, es uno de los grandes escritores norteamericanos injustamente olvidados. Bibliografía Autores Varios. Los escritores frente al cine. Editorial fundamentos. 1981. Jorge Luis Borges. Introducción a la literatura norteamericana. Editorial Emecé. 1997Primera edición. (Primera edición 1967). Los Escritores y sus Cartas de Amor. Círculo de Lectores. Edición de Cathy N. Davidson.1994F. Scott Fitzgerald. The Great Gatsby. The Scribner library. 1957 |
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Por xul sin Solar Correo: solarxulsinsolar@yahoo.com.ar En la novela América de Kafka nos encontramos con el concepto de angustia inexistencial, expresada en tono irónico, proveniente no de Heidegger ni de Sartre, sus contemporáneos, sino del filósofo danés Søren Kierkegaard . América, el símbolo de la utopía del inmigrante, es tomada por Kafka desde el primer capitulo como el reino de las más hondas injusticias, explotaciones y maltratos posibles. América es el mensaje indirecto de Kafka: a la utopía de la técnica y del capitalismo esquizofrénico le acompaña la decepción. Kafka asume en su obra la idea de Kierkegaard, de presentar la ironía y el humor como los refugios a los sufrimientos del mundo. En este sentido, es un precursor, por ejemplo, del teatro del absurdo. América no será el refugio para los sufrimientos del inmigrante Karl Rossmann, - castigado por su padres por haber seducido una sirvienta- sino más bien su encuentro con la angustia de lo ´´indeterminable´´. América, no obstante, si será el refugio para Franz Kafka. La América que nunca ha existido, más que como spleen o ideal, por supuesto. En Karl Rossmann, -en especial en el capitulo VII, del asilo, donde se narra una larga y absurda persecución de la policía. Allí, luego de que Delamarche golpea a Karl, y éste último intenta escapar de un cuarto oscuro por un balcón,- Kafka nos da cuenta de la ironía al referirnos sus pensamientos, en medio de la siguiente situación: ´´se quedó (Karl) mirando en silencio, como leía en su libro, cómo pasaba las hojas, cómo buscaba algo en otro libro que consultaba siempre con gran rapidez y cómo anotaba a menudo en un cuaderno, agachándose todas las veces tanto sobre él que resultaba una cercanía realmente inusitada. ¿sería un estudiante? Toda daba en realidad la impresión de que estudiaba. No era muy diferente el modo de como hacía ya mucho tiempo solía sentarse Karl, en su casa, ante la mesa de sus padres, cumpliendo sus deberes mientras su padre leía el diario o bien hacía asientos en algún libro o escribía cartas para alguna sociedad y su madre se entretenía en un trabajo de costura y sacaba el hilo de la tela alzando muy alto la mano. Para no incomodar a su padre, Karl ponía sobre la mesa únicamente el cuaderno y los útiles de su escritorio y distribuía los libros que necesitaba sobre sillas, a derecha y a izquierda. ¡Qué calma reinaba allí¡ ¡qué rara vez entraba en aquel cuarto gente extraña¡ ya de chico le gustaba a Karl seguir a su madre y estarse mirando cuando echaba la llave por la noche a la puerta principal de la casa. ¡No hubiera podido imaginar que Karl había llegado ahora hasta querer violar con cuchillos puertas ajenas¡ ¡Y qué sentido habían tenido todos esos estudios¡ ¡si los había olvidado todos¡ si hubiera tratado de seguir aquí sus estudios tal cosa le hubiera sido muy difícil. Recordó que una vez en su casa había estado enfermo durante un mes; que esfuerzos tuvo que hacer entonces para orientarse luego otra vez en medio de los estudios interrumpidos. ¡y ahora hacía tanto tiempo que, fuera de ese libro de correspondencia comercial en inglés, no había leído nada¡ ´´... El libro de correspondencia en inglés alude probablemente al oficio con el que se ganaba la vida Kafka: su trabajo en el Instituto de Seguros de Accidentes de Trabajo del Reino de Bohemia en Praga. Klaus Wagenbach, en su libro Imagenes de Franz Kafka, nos recuerda que: "el 30 de julio de 1908 Kafka entró en el Instituto y fue valorado enseguida como ´´brillante planificador y excelente abogado". Entre sus obligaciones figuraban la formulación de los ´´recursos´´ contra las instancias de los empresarios, la redacción de textos propagandísticos y divulgativos para el Instituto.´ Cuando Kafka nos entrega en América el párrafo donde evoca la "calma que reinaba allí" para que el efecto producido por las páginas anteriores sea mayor, se está "burlando" irónicamente de sí mismo, al presentarnos el papel de un estudiante que absorto en sus lecturas le es casi indiferente el mundo, -en este caso, el mundo de angustias de Karl-. En cierto sentido, es el Kafka escritor de oficina, inmerso en sus papeles burocráticos. Resaltemos también que la expresión: "¡Y qué sentido habían tenido todos esos estudios", está escrita con signos de admiración y no de interrogación. Eso nos indica el tono irónico de Kafka, donde se relata de una manera indirecta un recuerdo de la juventud de Karl, siendo ahora Karl el extraño, el otro. Dicho otro tiene mucho que ver con el titulo original que Kafka le había dado a América: ´´el desaparecido´´. La angustia de América expresa el doble sentimiento de quietud (acumulación) y de inquietud (consumo) propio de las sociedades burguesas del siglo XX: un aquí y ahora que es definido por Deleuze como: ´´capitalismo y esquizofrenia´´. ¿quién (o qué) podría darnos alguna quietud, diferente a la simple acumulación de riquezas, después de la muerte de Dios? El 2 de agosto de 1917 Kafka escribió en su diario: ´´Pascal pone todas las cosas en orden antes de que Dios aparezca; pero debe existir un escepticismo más profundo y angustiado que el de la persona que se corta a sí misma en pedazos con cuchillos realmente maravillosos, pero con toda la calma del carnicero. ¿a qué se debe esta calma, esta seguridad en el manejo del cuchillo? ¿acaso Dios es un carro triunfal de teatro que se puede sacar a escena con cuerdas, admitiendo todo el esfuerzo y la desesperación de los trabajadores?´ ´ Por otra parte, la promesa del estudio y del merito personal como mecanismo de ascenso social es uno de los grandes engaños de América, y de todo lo que ella simboliza. El individuo para Kafka no se salvará de la irracionalidad, aun cuando dedique su vida al estudio. Para Kafka, su única salvación estaba en el arte. No en la técnica ni en la burocratización. De manera excepcional, Kafka vivió los dos procesos: se ganó la vida como ´´burócrata´´, y a la vez, por su trabajo, fue testigo de primera fila de la vida miserable de los obreros en las florecientes industrias europeas. El 22 de enero de 1922, Kafka anota de nuevo en su diario: ´´de nuevo la intranquilidad. ¿cual es la causa? Ciertas ideas, que se olvidan pronto, pero que dejan tras ellas la inquietud, como algo inolvidable... también produce inquietud cierto sentimiento de comodidad que, aquí y allá, temeroso y distante, se me acercaba. Inquietud también por el hecho de que la decisión nocturna fuese solo una decisión. Inquietud porque, hasta ahora, mi vida ha sido una marcha constante, una evolución a lo sumo, en el sentido en que se va destruyendo un diente cariado. Por mi parte, no hubo nunca ni la más mínima orientación para abrirme paso en la vida. ´´ Kafka podría ser un buen lector de Nieztsche. Del Nietzsche del ´´Nacimiento de la Tragedia´´. Ninguna relación deberíamos establecer entre Nietzsche, Kafka y el nacionalsocialismo vía Heidegger. Para este último lo que interesa es, de una parte, salvar la metafísica, y de otra, proponer un camino intermedio entre la América del triunfo de la técnica y la Unión Soviética de la derrota frente a la burocratización. A manera de epílogo. Esta angustia kafkiana tiene su origen en Kierkegaard. En su tesis de doctorado sobre la ironía en Sócrates, presentada el 16 de julio de 1841 ya se vislumbraba el marcado interés de Kierkegaard por un concepto que será fundamental en su obra: la angustia, que luego definirá como un estado que se presenta cuando se está frente a algo posible, pero indeterminado. Lo indeterminado, o a veces lo efímero será fuente de constante inspiración para Kierkegaard, en especial en sus obras ´´Diario del Seductor´´ y ´´O bien o bien´´. En esta última, por ejemplo se aborda la figura de Fausto, como el que mejor conoce lo que significa lo efímero, en un sentido espiritual, a diferencia de Don Juan, para quien lo único que importa es el amor sensual. Según Kierkegaard: « Fausto es un demonio como Don Juan. Solo es un demonio superior. Él no le atribuye importancia a las sensaciones sino después de haber perdido todo en el mundo anterior... lo que él busca no es exclusivamente el placer de la voluptuosidad sino que él desea la inmediatez del espíritu ». Lo que nos interesa destacar aquí es el concepto de ´´inmediatez´´. Si la angustia se refiere a lo indeterminable, a ese espacio que queda vacío en el diario vivir, entre la acumulación desenfrenada y el consumo voraz, entonces tal vez podríamos ver esta angustia como un estado del espíritu similar al nihilismo. Nihilismo como fuerza de creación, no como claudicación. Dicha angustia, es descrita por Kierkegaard en ´´Diario del seductor´´, el 4 de abril: ´´ ah lo que esa angustia le agrega a vuestra belleza. Pero la angustia en si no es bella, solo lo es en el instante en que percibimos la energía que puede dejarla atrás. Perfecto¡ ´´. América es para nosotros, tan solo una incierta invitación para dejar atrás América. |
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